Poncho se desarrolló raro. Salió de la misma mata que sus hermanos perfectos pero él era diferente, feo le decían.

Poncho tenía un sueño, deseaba convertirse en ensalada, pero no en una ensalada mixta, sino en una ensalada de tomate aliñao, de esas en la que se requiere presencia, color y sabor del bueno. Poncho sabía que era más que bueno, lo que desconocía era que vivía en un mundo de apariencias y que lo diferente no siempre se consideraba bello.

Se empezó a dar cuenta de ello cuando llegó al mercado y veía impotente cómo sus hermanos de la caja de al lado se marchaban en manos humanas. Un par de días después, mientras notaba desesperado como su piel transitaba del verde al rojo escuchó una voz que preguntaba:

«¿Qué diferencia hay entre estos tomates y esos?»

«Los de esta caja son más baratos porque salieron feos»

– «¿Pero están buenos?»

– «Si, son los mismos» – Dijo el frutero

– «Ok, pues dame 1kg de los más feos que tengas»

Esa mañana Poncho, que estaba ya en su punto óptimo de maduración, viajó de la caja del mercado a una cocina y de ahí a un plato, troceado y aliñao con aceite, ajo, sal y perejil y fue feliz porque además de cumplir su sueño supo que era el mas carnoso y sabroso de los tomates.

Poncho tuvo suerte porque la mayoría de sus hermanos raros y feos permanecieron en la caja hasta ser inservibles y acabar en el vertedero, como el 40% de las frutas y verduras que se desperdician en la fase de post-cosecha y procesamiento por no cumplir «los cánones de belleza» establecidos por la normativa o exigidos por el consumidor.

Eso es mucha comida nutritiva, sabrosa y sobre todo útil tirada a la basura simplemente por tener una apariencia diferente, ¿en qué momento se determinó esto como lógico?.

Por suerte aún quedan lugares dónde prima la razón y la estima ante la superficialidad y la perfección y no, obviamente no son los supermercados o las grandes superficies, si quieres hacerte con frutas y verduras perfectamente imperfectas has de acudir a los mercados, mercadillos o tiendas que trabajen con distribuidores locales y pequeños agricultores donde además seguramente estarán a un precio menor por ser así de agraciadas.

Suerte para ti y para ellas.

Localiza ya los mercados y tiendas orgánicas de tu ciudad y ve a la caza de las verduras y frutas más feas y especiales. Te lo agradecerán con sabor del bueno.

También existen algunas organizaciones sin ánimo de lucro como Espigoladors que luchan contra el despilfarro alimenticio recolectando las verduras feas que «no sirven» para venta, donándolas a entidades sociales o transformándolas en deliciosas conservas (mermeladas, patés, cremas…) que venden bajo la marca Im-perfect. ¿No tiene esto más sentido?.

Historias de verduras feas con final feliz como la de Poncho hay bien pocas, por eso espero que al menos al leer la suya te hayan entrado ganas de salvar alguna berenjena con dos cabezas o unas zanahorias siamesas contribuyendo así a la reducción del desperdicio de alimentos.

Lo diferente es bello y si encima es nutritivo, doblemente bello.

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