Que practicar Pilates puede ayudarte a mejorar tu condición física, a disminuir tu dolor lumbar  o cervical, a mejorar tu postura, etc, es algo bien conocido e indiscutible. De lo que se habla menos y creo que es igual o casi más destacable es de lo que el Pilates puede hacer por tu autoestima y tu comportamiento.

Para ponerte en situación te contaré que existe una grandísima relación entre el poder y las hormonas. Esto puede que no te suene mucho pero si te digo que nuestra postura en determinadas situaciones es un fiel reflejo de cómo somos o cómo nos sentimos en un momento concreto seguramente te sea más familiar, y es que una cosa y otra van de la mano.

Las posturas que adoptamos y la forma de mover nuestro cuerpo afectan tanto a la percepción que tienen los demás de nosotros como a la que tenemos de nosotros mismos. De las cosas más relevantes que transmitimos mediante nuestro lenguaje corporal es nuestra autoestima, lo seguros o inseguros que nos sentimos.

Imagínate por un momento la cantidad de información “encubierta” que das sobre tí en una clase de Pilates.

La psicóloga social Amy Cuddy explica en esta charla de TED (que te recomiendo encarecidamente que veas) cómo algunas posturas (“posturas de poder” las llama) pueden alterar los niveles de ciertas hormonas, en concreto elevar la testosterona y disminuir el cortisol. Esto se traduce en una mayor sensación de poder y capacidad de dominar y gestionar el estrés. Cambios que se producen en tan solo… ¡dos minutos!

Espera, repito: ¡DOS MINUTOS!

¿No te parece alucinante?

Estas “posturas de poder” se basan en posiciones de expansión y apertura corporal, extensiones dorsales, apertura de brazos y pecho, brazos por encima de la cabeza, elongación axial o espalda más recta… Posturas que parecen obvias y comunes en nuestro día a día pero que tristemente no lo son en absoluto.

Cómo el Pilates influye en la autoestima

Lo más común al comenzar un grupo de Pilates es encontrarte con “personas tortuga”, si me permitís la expresión (que yo también lo fuí… y lo soy aún, según situaciones). Tortugas enrolladas dentro de un caparazón duro e incómodo por el que asoman la cabeza y que difícilmente se mueve ni deja mover correctamente brazos y piernas.

Casi el 90% de la gente que comienza no son capaces de elevar los brazos por encima de la cabeza correctamente, y no te rías… estoy convencida de que tú tampoco puedes.

Ese caparazón en muchas ocasiones es el reflejo de nuestro yo más profundo, de nuestros miedos e inseguridades, de los “no puedo” y los “no puedes”, construido a base de culpas y silencios. Sí, la mente es capaz de inducir todos esos cambios en el cuerpo pero recuerda que en sentido inverso también funciona: El cuerpo puede hacer cambiar la mente.

Pilates-y-autoestima

Como profesora de Pilates he de confesar que lo que más me alucina de las clases es observar esa parte del movimiento, cómo los alumnos van agrietando tímidamente el caparazón, cómo se van entregando al movimiento, cómo se aprecia el “quiero pero no puedo”, cómo se van librando de los pesos.

Esto que suena sencillo no lo es en absoluto. Las posiciones de apertura si no las sabemos gestionar te “exponen”. Expandirse físicamente es abrirse emocionalmente, quitarte ese caparazón te deja vulnerable si no te abres con la suficiente fuerza como para mantenerte. Por eso es tan importante trabajar la comodidad de estas posturas, hasta hacerlas tuyas. Y esto sin duda es lo más brutal de las clases… Ver lo que el tiempo y la práctica provocan en cada persona. Traducir una inhalación profunda en un “si puedo” y una extensión dorsal en un “me quiero”.

Si adoptar ciertas posturas por un momento puede alterar nuestras hormonas y modificar nuestra actitud y comportamiento, sintiéndonos más seguros y poderosos… ¿Cómo se debe de sentir uno cuando conecta con su cuerpo y toma el control de sus movimientos?

Conócete, muévete, quiérete.

Como el pilates influye en nuestra autoestima

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