Ya se acaban… ya se van estos días comidas copiosas, calles abarrotadas, reuniones familiares y consumismo controlado. Días en los que se tiene que comprar más, comer más, “mejor”, y cosas que en ocasiones tu bolsillo no puede soportar, porque… ¿como vas a cenar en nochevieja unas tristes verduras al horno? Hay que regalar y salir a cenar aunque no te apetezca, aunque tengas que pedir un crédito, aunque te gastes lo que no tienes porque si no… que triste Navidad.

Es lo que nos han enseñado, lo que hemos “mamado” desde pequeños… pero… ¿de quién? y ¿por qué?

Realmente, ¿quién sale beneficiado de esta ola de consumo “desmesurado”? ¿Nosotros? Yo no, mi cuenta bancaria menos, intuyo la misma respuesta de mi estómago, saturado y revuelto, mi agenda, solapada de citas y compromisos, algunos no deseados… creo que tampoco y la basura repleta de sobras de comida que alimentaran a… ¡ah! ¡los gusanos! esos si que estarán contentos en estos días.

“Que aguafiestas”, “Exagerada” ,“Rácana, para una vez que te juntas con tus seres queridos…” – Pensaréis algunos. Y yo os pregunto: ¿Realmente habéis querido/digerido lo que cenasteis en noche vieja? ¿De verdad podéis asumir el gasto de ese regalo súper caro que se ha pedido tu hijo, tu hermano y tu pareja? ¿Realmente piensas que eso le va a hacer feliz? ¿y a ti? ¿Sabes porqué haces lo que haces estos días… y en estos días? y la última… ¿Te has parado a pensar las consecuencias de este consumismo?

Incluso para personas que llevan una vida lo más consciente y sostenible posible, en muchas ocasiones es difícil contestar a esas preguntas…

¿Qué está pasando?

No quiero que me malinterpreteis, no estoy en contra de estas fiestas, a mi también me gusta comer cosas ricas, ver a la gente que quiero, regalar y que me regalen pero… no puedo evitar sentir el bombardeo y la manipulación que los medios y las grandes industrias ejercen sobre nosotros estos días.

Y que sea tan evidente y que continuemos sin darnos cuenta, adoptando el papel de consumidor pasivo – lo veo (me lo enseñan) – me convencen – me callo – pago – REPIT- me abruma de sobremanera.

La desinformación nos hace inútiles

Obviamente, esto no pasa sólo estos días. La Navidad es sólo el pico de un gran iceberg que enriquece a unos cuantos y ahoga a la gran mayoría, a tí y a mí entre otros.

Son muchas las razones por las que este consumismo “controlado” (controlado por esos de la punta del iceberg) debería alarmarnos y hacernos parar y reflexionar sobre nuestra manera de comprar.

Podemos citar por ejemplo el impacto medioambiental que está suponiendo que adquiramos productos con aceite de palma, presente en casi todos los los alimentos procesados, se sabe que más de 1,7 millones de hectáreas de bosque fueron arrasadas en Indonesia en 2015 para crear plantaciones de palma.

Orangutan en Borneo

No estaría de más comentar la pérdida de la biodiversidad ocurrida en Doñana debido a que su agua, el que da de beber a una gran cantidad y variedad de aves autóctonas y migratorias, se está usando para el riego de las miles de hectáreas de cultivo de fresas y fresones, y la mitad de esta es obtenida de pozos ilegales que secan el entorno, poniendo en riesgo especies como el Lince, que fué el felino más amenazado de la Tierra.

También podemos reseñar el hecho de que comprando productos y alimentos que experimentan con animales estamos colaborando con el reclutamiento y maltrato de 100 millones de animales cada año, perros, conejos, monos y ratones que nacen en una pequeña jaula, sino son capturados de su entorno, y viven el tiempo que puedan soportar las pruebas necesarias para desarrollar cualquier cosa, desde productos de limpieza, cosméticos, aditivos alimentarios y farmaceuticos, químicos industriales, agroquímicos, comida de mascotas, productos con alcohol o tabaco entre otros…

Queremos más y mejor por menos y eso tiene sus consecuencias…

La esclavitud humana es una industria en auge porque el trabajo forzado está generando ingresos ilegales por 150 mil millones de dólares al año de acuerdo con cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Una mano de obra muy barata para comerciar los productos a precios irrisorios que tanto nos gusta comprar y acumular en el “primer mundo” (que asco de expresión, por cierto). Solamente en India existen unas 18,3 millones de personas esclavizadas.

Pero estas razones en ocasiones se quedan cortas, porque están “lejos”, porque no las vemos… porque no nos tocan. Bien, probemos con estas otras:

¿Qué os parece la manipulación informativa? Hoy, la evolución tecnológica y modernidad han convertido a los actuales medios de comunicación: televisiones, radios, periódicos (tradicionales u online) e internet, en verdaderas armas manipuladoras.

Los recursos que se emplean para utilizar al consumidor van desde la mentira evidente hasta la simple omisión de información, pasando por las verdades a medias, los estudios científicos pagados o la desinformación…

Se sabe por ejemplo que en la década de los 60 las azucareras pagaron a destacados científicos nutricionistas de Harvard para que sus estudios minimizaran los efectos dañinos del azúcar. Lo que trataban era desviar hacia las grasas saturadas la responsabilidad que tiene el azúcar en las enfermedades cardiacas. Las consecuencias de esta manipulación las seguimos pagando hoy con unas miles de muertes al año…

En los últimos años ha aumentado el consumo de azúcar  en un 67% (tomamos una media de 114g al día frente a los 30g recomendados)

Despertemos… La Industria Alimentaria está muy lejos de velar por nuestra salud. Estamos ya hartos de ver los anuncios de Puleva pretendiendo que traguemos la leche con embudo para que tengamos los huesos fuertes, cuando sabemos que un brócoli o una taza de almendras contienen más calcio (y magnesio, necesario para su asimilación) que medio vaso de leche y que una simple sardina contiene el mismo Omega 3 que seis litros de la leche que se vende con este ácido graso, ¿por qué nadie quiere patrocinar al Brócoli?

Compramos panes que etiquetan como integrales, porque sabemos (y saben que sabemos) que son más saludables, pero en realidad, lo que nos venden es un pan de harina blanca con un 7% de salvado añadido, pagamos por ternera gallega que viene de Argentina y salmón del norte… del norte de Noruega. Nos preocupamos por escoger las barritas energéticas de cereales y avellanas que anuncian como 100% natural creyéndolas más sanas y con menos “porquerías” y cuando vemos la letra pequeña de la parte atrás leemos cosas como: harina de arroz, jarabe de glucosa, maltodextrina, emulgente y con suerte un 1% avellana.

¿De verdad no os sentís engañados?

El “Código de Alimentación” de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) se creó para proteger la salud de los consumidores, garantizar comportamientos correctos en el mercado internacional de los alimentos y coordinar todos los trabajos internacionales sobre normas alimentarias. Este código es voluntario y de NO obligado cumplimiento. 

España es el país menos estricto en cuanto a la normativa de etiquetado y en la regulación de la publicidad.

Países como Inglaterra o Francia han sido muy tajantes a la hora de prohibir cierto tipo de argumentos utilizados en sus productos. Danone, por ejemplo, tuvo que eliminar los anuncios en los que se afirmaba que Activia ayudaba a aliviar el estreñimiento o Actimel era bueno para el sistema inmunitario. En Estados Unidos han sido multados con 21 millones de dólares por exagerar los beneficios de ambos productos. Mientras aquí simplemente modificaron la información y tenemos que seguir viendo y creyendo que los súperheroes del Actimel se encargan de prevenir nuestros resfriados año tras año.

Todavía habrá gente que se sorprenda con todos estos datos, porque de lo que no se habla en los medios, no existe. Por eso te invito que salgas de este monopolio informativo, que te quites el uniforme impuesto y saques las conclusiones tu mismo consultando otras fuentes y asegurándote siempre que es buena información… sin dinero de por medio, sin conflictos de interés, sin estudios pagados, transparente.

Algo muy importante que debemos saber es que nuestros patrones de compra e inversión influyen directamente en la actividad económica, por ello las decisiones tomadas al elegir entre las diferentes ofertas del mercado son un modo de intervención y de presión sobre las compañías.

Así, dejamos de ser meros consumidores pasivos para convertirnos en personas con poder. Asumir una serie de obligaciones como la de exigir información sobre las condiciones sociales y medioambientales en las que se ha elaborado, transportado y comercializado el producto es nuestro derecho y deber si queremos cambiar algo de este consumismo controlado por los de arriba.

En definitiva, tener en cuenta las repercusiones de una u otra compra, siendo conscientes de que las empresas dependen del comportamiento de la sociedad como consumidora.

Porque puede que no tengamos fuerza en el voto… pero si tenemos mucho poder como consumidores, mucho más de lo que creemos.

¿Y qué puedes hacer tu?

Como nos explicó una ponente en una interesantísima charla del Evento anual BioCultura, debemos valorar y comenzar por modificar los hábitos de consumo con más peso. La Alimentación supone un 80-90% del impacto medioambiental, la comida es algo que adquirimos y gastamos cada día por lo que sólo cambiando nuestra manera de hacer la lista de la compra estaremos contribuyendo en la creación de un futuro sostenible.

¿Cómo?

  • Compra productos locales y de cercanía. Si no se especifica pregunta y exige que se sepa su procedencia
  • Evita frutas y verduras empaquetadas y envueltas, cortadas o en paquetes, las bolsas de plástico. Minimicemos nuestros residuos.
  • Busca productos de comercio justo en aquellos que no podemos obtener aquí – Si conoces quién ha hecho lo que llevas o lo que comes y el trabajo que le ha costado, entenderas y pagarás lo que vale
  • Exige el sello MSC en el pescado fresco – La eco-etiqueta MSC certifica que el pescado que se ofrece se ha capturado de forma sostenible y asegura su camino desde el caladero hasta el consumidor.
  • Lee siempre las etiquetas y asegúrate de que los productos procesados que adquieras estén libres de aceite de palma (aveces encubierto bajo la descripción de aceite vegetal)
  • Si consumes carne, huevos… que sea con certificación ecológica, asegúrate su procedencia y de las condiciones de vida y sacrificio que tienen los animales…Y en la medida de lo posible, trata de reducirla.
  • Conoce las marcas que experimentan con animales y evítalas. Hoy día hay muchas y muy fáciles de encontrar que tienen el sello “vegan”
  • Infórmate, edúcate y difunde. Existen muchas vías para hacerlo, eventos, ferias u organizaciones como BioCultura reúnen anualmente a productores, distribuidores, profesionales y consumidores mostrándonos mediante eventos, charlas, talleres, encuentros, degustaciones…etc, que existen muchas posibilidades y alternativas de consumo cada vez más asequibles, cada vez más ricas, cada vez más originales.

La información nos da poder, no te conformes con el primer anuncio que veas en la tele, si compras algo que sepas lo que estás comprando, conoce de dónde viene lo que tienes en las manos. Saber en qué condiciones se ha elaborado y transportado es clave para decidir pagar por ello o no.

Siendo más consciente de lo que consumimos cuidamos el planeta, nos cuidamos a nosotros mismos y a los nuestros, contribuimos a reparar poco a poco nuestro mundo y a mejorar las condiciones de vida nuestras y de las personas que están al otro lado.

¿Quien controla ahora?


Si te apetece profundizar más sobre estos temas te dejo algunos enlaces

Etiquetas de los alimentos: una guía para entender lo que no quieren que entendamos

Así nos engaña la industria alimentaria

Patrocinadores en Nutrición: un ejercicio de coherencia

Consumo responsable de pescado

El gran negocio detrás del aceite de palma

Los horrores de la esclavitud moderna en cifras

Medios de comunicación ¿armas de manipulación masiva?

Causas de la experimentación animal

Marcas que no experimentan con animales

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