Me llamo María pero desde hace mucho tiempo respondo más fácil si me llaman Mei.La cierva verde

Durante toda mi vida nunca tuve la sensación de encontrar un lugar, un ambiente, un trabajo al que perteneciera al 100%. Siempre había algo en mí que inconscientemente se quería escapar y finalmente lo hacía, por un tiempo, hasta que volvía a sentir esa falta de mí misma y de nuevo corría hacia ningún lugar.

Cansada de esto, hace años que empecé lo que creí una búsqueda. Sin una idea concreta fuí dando bandazos intentando encontrar algo con lo que realmente me identificara.

El ensayo-error ha sido mi tenaz maestro que me ha dado duras lecciones y una útil y valiosa habilidad: la resiliencia.

En este tiempo he aprendido y desaprendido muchas cosas, he tenido momentos de subidón cuando me he apasionado por algo, seguidos de una bajada a las profundidades a 120 km/h cuando he visto que “otra vez” me equivoqué. He perdido tiempo, dinero y esfuerzo, he reciclado ilusiones y emociones, me he llevado las manos a la cabeza pensando “¿en qué pensabas al hacer eso?”, como aquel curso de peluquería canina. Y gracias a eso he ganadoexperiencias y mucho, mucho conocimiento, sobre mí y sobre cosas que a veces ni yo se porqué las se.

He sentido muchas ganas de tirar la toalla, de conformarme, ganas que con las mismas que llegaban se marchaban perseguidas por una Mei con muy mala follá que les decía “ni de coña, esto merecerá la pena”.

Al final te das cuenta de que nunca será el final, que en la vida no va a haber un lugar de llegada en el que lograremos la estabilidad eterna, que estamos sujetos al cambio y gracias a ello progresamos, evolucionamos.

Lo que creí una búsqueda resulta ser en realidad el proyecto más difícil y emocionante al que me he enfrentado jamás: la construcción de mi vida.

Perruquería

Algunos de esos puntos desperdigados por los que he ido pasando con más menos éxito son las herramientas que tarde o temprano he usado aunque en su momento pareciera improbable. Como ahora cuando se cortar el pelo de mi preciosa perra Lola. 

Otros de esos puntos se van quedando como cimientos sobre los que sigo trabajando. La Cierva Verde es uno de ellos. Es un estilo de vida que te acerca al concepto de que menos es más, al reencuentro con lo natural y a la sencillez del momento presente. Es un estilo de vida activo y consciente, en el que cuidando de tí cuidas el medio ambiente y en el que sabes que proteger y preservar el medio ambiente es también cuidarte a tí.

Desde 2011, gracias a una formación en nutrición ortomolecular, cambié bastantes aspectos en mi alimentación que con el tiempo fueron modificándose debido al paso por diferentes terapias alternativas que trataban de equilibrar un problema de salud. A medida que  fuí conociendo y aprendiendo de este mundo fuí incorporando, hábitos saludables y conscientes a mi día a día que, aparte de solucionar aquella disfunción, me proporcionaron esa sensación de bienestar contigo mismo y con el exterior.

En 2014 se formó el concepto de Ciervael cual representa una manera de vivir inhalando cada cm³ del día, atreviéndote a ser diferente, a fluir y a perseguir lo que quieres a pesar de los riesgos.

En la Cierva Verde se fusionan 3 aspectos que considero imprescindibles para una vida plena:

  • Alimentación sana… con cabeza 
  • Vida activa. Conexión cuerpo y mente: Movimiento consciente
  • Pensamiento verde y sostenible

 

 

 

Por tanto ser una Cierva Verde es un objetivo que persigo y que me hace sentir que estoy donde quiero estar, haciendo lo que realmente deseo. Se ha convertido en la base sobre la que seguir construyendome conforme camino. Un motivo por el que me encuentro orgullosa y que me parece tan bonito que quiero lo compartir con aquellas personas que como yo, están “abiertas por reforma” para construir una versión mejorada de sí mismo y de su mundo.

 

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